Al principio era un chaval impresionado.

Joserra (José Ramón Lorenzo Picado) siempre ha sido un referente para mí. Es un economista que en realidad decide que quiere ser montador de cine y televisión, así que agarra sus bártulos y desde su Vigo natal se desplaza a Madrid para hacer sus frikadas. Según termina sus estudios de montador, donde nunca estudió el proceso de montaje a multicámara, se presenta a un curro para Globomedia.

En Globo nos entró el producto más raro posible: hacer la primera serie de TV del mundo para ser consumida en teléfonos móviles: SUPERVILLANOS,  (parece que hablo del siglo pasado, no es así fue antes de ayer por la tarde) y como resulta que todo se tenía que rodar aquel verano y toda la profesión andaba de vacaciones, hubo que hacer «casting» de montadores/editores. Se presentaron varios que desconocían el shortcut de «acortar-empujando» y ninguno, excepto Joserra, tenía experiencia en montaje multicámara, así que el trabajo fue para él. En realidad Joserra tampoco tenía experiencia, mintió en la entrevista de trabajo, cosa que pude comprobar el primer día que me senté a montar con él. Yo entonces (y ahora, la verdad) me cabreaba muchísimo por cualquier cosa y cuando descubrí el engaño, estuve a punto de liarla parda. Pero la enorme verborrea incontenida de Joserra me hizo reír y pensé «qué coño, yo también habría mentido».

Al día siguiente me fui a rodar y la sala de montaje, que estaba compartida con Manolo Petán, que trabajaba realizando algunos VFX para la serie, quedó más tranquila y lejos del «enfado» del día anterior. Manolo tiene un sentido del humor tan caústico que podría quemar una mesa de mármol solo con tocarla, y había estado presente en la bronca de «me dijiste que sabías hacer grupos multicámara y no la mierda esa de las pistas». El caso es que se llevaron muy bien y en un momento dado Joserra le confesó alguna de sus debilidades a Petán (a Manolo) hablándole de películas, géneros y otras vicisitudes. En un momento dado Manolo le dijo a Joserra: «Ten cuidado con Guillermo, es un fan de Jesucristo».  La cara de Joserra era todo un poema tratando de procesar esa frase y mira tú por dónde, en ese momento entro en la sala y la conversación se trunca.

Joserra tuvo que vivir con esa incógnita varios días hasta que Manolo le aclaró que era fan de «Jesucristo Superstar»: y ahí es donde empieza esta historia.

Yo he sido educado bajo cierto paraguas Católico-Cristiano y a pesar de que el paso al ateísmo incondicional fue con tan sólo trece años, el mérito del que la a liado «este señor» nunca lo he puesto en duda. Desde los doce años sufría una atracción profunda y visceral por la ciencia y el arte a partes iguales, tan pronto quería ser Mago, como Ingeniero, como actor, supongo que el clásico batiburrillo que sufren muchos preadolescentes. Y de pronto una tarde de primavera, tengo mi primer contacto con Jesucristo Superstar y de verdad que no podéis imaginar lo que aquello supuso. Que la historia más grande jamás contada se hiciera un musical, y además en gran parte se hiciera desde el punto de vista de Judas era sublime y blasfemo, absurdo y logiquísimo, inteligente y estúpido, era el mayor oxímoron de la historia del arte. Desde entonces la peli de Norman Jewinson ha sido de mi devoción y la veo todos los años por Semana Santa.

Y luego, poco a poco, fui entendiendo cosas. La tortilla de patatas desestructurada.

Un día de finales del siglo pasado estoy viendo la tele y resulta que es supernoticia que un tipo hacía cocina desestructurada, en particular era famoso por su tortilla de patatas desestructurada  (a fecha de hoy todavía no la he probado) pero los comensales decían que era exactamente igual que la tortilla de patatas pero completamente distinta. Había algo que yo no conseguía entender bien sobre el concepto :»desestructura» pero el palabro se estaba introduciendo en todo tipo de artes. Eso de que algo estuviera «desestructurado»  me parecía un malabar del lenguaje, ya que si algo no tiene estructura (será otra pero siempre tiene una) el cerebro parece que no lo procesa bien.

Los materiales entre muchas clasificaciones se pueden dividir en cristales y amorfos, es decir en materiales que tienen estructura cristalina y otros en cambio cuya característica es que NO tienen dicha estructura. Es como si los segundos estuvieran «desestructurados». La gran mayoría de las «piedras» a las que tengas acceso, desde la sal, el azúcar, los guijarritos del parque… tienen estructura cristalina y sus partes, sus moléculas, se las ingenian para colocarse en el espacio formando figuras regulares como cubos, pirámides etc. Sin embargo todos los días vemos y tocamos algo cuya estructura es amorfa, es decir sus partes no responden a estructuras CRISTALinas. ¿sabes cual?  El vidrio, es decir lo que habitualmente llamamos cristal, el cristal de la ventana, es un material amorfo, sin estructura. Es paradójico que llamemos cristal a algo que no lo es. Me hace gracia, es como si el propio sistema de descripción de las cosas se hubiera «desestructurado momentáneamente».

Luego llegó Nolan y su «Memento» y el concepto «desestructura» se apoderó de muchas expresiones artísticas, como por ejemplo el guion de una película. Yo había estudiado a casi todos los maestros del guion y la frase de William Goldman (Guillermo hombre de oro, con ése nombre seguro que tiene razón) en la que afirmaba : «un guion es sobre todo estructura, pero si no ha quedado claro déjeme repetirlo de nuevo: un guion es sobre todo estructura» me había acompañado en todo mi periplo como contador de historias.

Los ejemplos de películas, secuencias, obras de teatro desestructuradas se acumulaban y autores poco sospechosos como Martin Scorsese lo usaban con diferentes pinceladas aquí y allá. Nolan seguía siendo el mejor exponente de la desestructura y cada película suya parece un ejercicio sobre cómo armar un concepto en la mente del espectador ofreciéndole información de un modo «poco habitual».

Y de pronto, un accidente de moto.

He sido «motero» más de 45 años (mentira, he conducido habitualmente moto todo ese tiempo, pero rarísima vez he hecho salidas o ido a concentraciones que es lo que de verdad define a un motero). Y si conduces motos, antes o después tendrás un incidente, una caída o un altercado con un coche (con su conductor casi siempre). Cada vez que alguien te cuenta un incidente de ese tipo lo hace en desorden, a veces empieza con el momento en que llegó la poli, otras describiendo a un turista gordo que le ayudó a levantarse. En fin, el caso es que al final te enteras «casi» perfectamente de lo que ha pasado y estructuras en tu cabeza la realidad.

Porque el modo en el que «estructuramos la información» suele venir de informaciones desestructuradas.

Sé que parece que no voy a ninguna parte. ¿Será que este post está desestructurado? ¿Cuándo vuelve lo de Jesucristo?

Es importante no confundir la desestructura con el uso normal de flashbacks y flashforward. Al introducir un flashback se avisa de algún modo al espectador (efectos de imagen, poner en blanco y negro el flashback, algún efecto de sonido, etc.) Cuando se usa la desestructura, se engaña al espectador falseando la continuidad temporal (como se haría con un raccord de aprehensión retardada) sin avisar de los saltos temporales. 

En la vida real, al contarle un suceso a otra persona, se suele hacer de forma desestructurada. De la misma manera, nuestros recuerdos y sueños también están desestructurados. Sin embargo, ese modo natural de observar la realidad con una clara desestructura espacial y temporal no produce desestructura del conocimiento o de la información. Fíjese en sus propios ojos al entrar en una habitación (da igual que sea conocida o desconocida). Saltan de un lado a otro, reparan en la realidad a base de “flashes“ que se recomponen con cierta continuidad en nuestros cerebros. En la habitación está un familiar, al que de pronto le vamos a contar una discusión que tuvimos por la mañana, y también lo hacemos con cierto desorden, incluyendo expresiones como: “A todo esto, el tío iba con una mancha enorme en la camisa…” y nuestro cerebro recompone la historia de nuevo ahora con una mancha enorme en la camisa. 

Al terminar de contar la anécdota, inicias una discusión con tu familiar sobre una pareja amiga vuestra que se acaba de separar. La discusión sube de tono, incluso os levantáis la voz. Enseguida es una discusión desestructurada que salta de un tema a otro dejando retazos sin resolver cosas sin escuchar que al cabo de unos segundos uno es consciente de lo grave que ha dicho el otro. Discutimos casi dos horas y sin embargo el resumen que le hacemos a un amigo dura no más de 5 minutos. Y de nuevo lo haremos sin orden, empezando por el final: “Ayer tuve una broncaaaa” – ¿y eso?  – Mi madre que se cree que soy gilipollas, me llamó desagradecido: después de todas las veces que la ayudé con…

El interlocutor empieza a recibir retazos de la discusión, con saltos de tiempo incluso de espacio hacia adelante y hacia atrás, pero de algún modo las ordena en su cabeza y se hace una idea de “lo que de verdad pasó”.

Cuando en cine queremos reproducir esa «manera de percibir» (que dicho sea de paso, no es excepcional sino casi el modo natural de percibir) no podemos dejar que el caos ni la aleatoriedad se apodere de la narración, sino que debemos ser conscientes de que en el fondo queremos contar “algo en concreto”. Además la espontaneidad con la que lo hacemos en el mundo real debe ser “planificado” en el mundo cinematográfico.

Y de pronto pensé: «Quiero hacer una película con una desestructura no antes vista».

Hablo y escribo inglés con cierta fluidez pero si se trata de aprenderse de memoria una canción en inglés, es muy probable que cambie la letra después de dos o tres palabras. Con ciertas excepciones, casi todas las canciones de los Beatles, y el musical Jesucristo Superstar.

Siempre he querido hacer musicales. Es un género que me apasiona, pero la dificultad de poner uno en marcha es mayor que cualquier otro género cinematográfico. Así que me dije: ¿y si hago un musical con la música de un musical pero otro musical? La frase explotaba en mi cerebro porque ni siquiera la entendía bien. ¿No será que estudiar tanto tiempo la desestructura empezaba a pasarme factura y mi propio cerebro me estaba troleando? ¿Qué era eso de hacer un musical pero que en realidad fuera otro musical?.

Tenía una historia en la cabeza rondando desde hace mucho tiempo para criticar desde la admiración la maldad de los dirigentes de las cadenas de televisión. De hecho, la había escrito y reescrito varias veces y me dije: ¿y si la hago musical? Sólo pensar en buscar compositores, letristas, grabaciones de temas y mezclas me dio vértigo, pero una circunvalación cerebral más me dijo: ¿y si cuentas esa historia pero con las canciones (incluida la letra) de Jesucristo Superstar?

El proyecto era tan loco que para poder explicárselo a alguien tuve que hace una maqueta de montaje con un story 3d.

Ahora solo faltaba todo lo demás…

…bailarines, coreógrafos, protagonistas, localizaciones, cámaras, dirección de foto, vestuario… la hostia en verso, vamos. Pero desde el principio tuve varias cosas que permitieron que Cris Superstar exista: Primero, la prota: una tal Virginia Rodríguez. Una actriz increíble con una capacidad brutal de hacer verdad mi historia, donde había que interpretar algo muy distinto al texto que habría que cantar. No hablo de que el subtexto fuera X y el texto Y, es que el texto era en inglés y cantado pero lo que el espectador recibiría es un subtítulo completamente distinto al texto. Además da la casualidad de que dicha actriz es mi chica, así que no podía estar más contento.

Por otro lado, Alberto García Regueiro fue el primer ayudante de dirección y era como un V8 recién salido de fábrica, un metrónomo andante que conseguía respeto y vocación de todo el equipo.

Los bailarines comandados por dos coreógrafos: Fernando Castro y Laura Crespo. Entendieron milimétricamente el tipo de coreografía que necesitaba la historia. Y Ana Furió tomó los mandos de una producción endiabladamente compleja con un presupuesto muy exiguo (mis ahorros de los últimos 3 años)

Imposible no resaltar a dos bailarines en particular, un tal Kevin y una tal Chloe. El primero ingeniero nuclear experto en accidentes nucleares en el mundo. La segunda, una niña preciosa y energética. Ninguno antes había bailado profesionalmente pero es que mis hijos están hechos de una pasta especial y pueden enfrentarse a cualquier reto.

Como en cualquier producción encontrar la localización a un precio razonable fue un infierno pero se consiguió y de pronto…

…el fucking COVID.

A tomar por culo. Tanto esfuerzo, tanta teoría sobre la desestructuración se iban a la mierda porque el mundo decidió encerrar a la gente en sus casas. Así que hubo que retrasar, ajustar, repensar, reinvertir, pero en cuanto abrieron mínimamente la mano y nos dejaron pisar la calle a la hora que quisiéramos, cuando todas las producciones estaban paradas, cuando los test de covid eran obligatorios para comprar una lechuga, cuando la mascarilla era obligatoria en las playas aunque pasearas solo… el 99% del equipo dijo: ADELANTE, y el 20 de Julio de 2020 arrancamos el rodaje y ninguna nube se interpuso ante el Sol.

Fueron tres días extenuantes que acabaron como debe ser: con una gran paella para 50 personas y una sonrisa gigante en todos los miembros del equipo, porque pudimos dedicarnos en cuerpo y alma a nuestra vocación: contar historias, y además lo hicimos en un ambiente de total rebeldía, cuando más lo necesitábamos.

El rodaje es un cúmulo eterno de anécdotas. Quiero resaltar una, pero ocurrió un par de años después. Virginia, Chloe y yo acabábamos de ver «atrapado en el tiempo», y charlando después nos preguntamos que si tuviéramos que repetir un día de nuestras vidas ¿Cuál sería? Vir y yo empezamos a seleccionar días especiales pero Chloe afirmó que sin lugar a dudas, ella elegiría los días de rodaje de Cris Superstar.

Y esos son los secretos de la desestructura, que uno quiere contar una historia de un modo especial y personal pero lo que consigue es que sea uno de los días más felices de tu propia hija. Viva Cris Superstar forever.

Guillermo F. Groizard.

P.D.

Tres meses después de aquella euforia creativa, empieza su periplo de festivales y al primero que vamos BUM!!! Ganamos mejor dirección y mejor película, en un festival italiano «Puntodivista». Después llegaron 41 selecciones en Festivales del todo el mundo (India, Alemania, España, Argentina, etc) dos menciones especiales y 18 premios (en festivales diferentes, jajaja): Dirección de Foto, Vestuario, Dirección, Música (algún despistado premió música), Interpretación, etc etc. Me queda una espinita: no conseguí el certificado de película española. El ministerio de cultura (español) puso tantos impedimentos, trabas y pejiguerías que al final me di por vencido y no conseguí dicha calificación. Ahora faltaba el segundo apellido de fulano, luego sobraba un punto en los títulos de crédito, después faltaba la póliza octogonal… dos meses desesperantes que acabaron con mi paciencia.

Ah! tampoco gané ningún Gustavito. Habría quedado feo, jajajajaja.

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