Durante 40 años, Metrópolis fue mucho más que una escuela.
Fue un lugar donde se aprendía a mirar, a contar, a actuar, a rodar, a equivocarse, a repetir, a probar otra vez y a descubrir que la creatividad no era un lujo, sino una forma de estar en el mundo.
Por sus aulas pasaron alumnos, profesores, actores, directores, guionistas, técnicos, amigos y cómplices. Algunos encontraron una profesión. Otros, una pasión para toda la vida. Muchos encontraron una casa.
Metrópolis fue práctica, libre, intensa, imperfecta, divertida, iconoclasta y profundamente viva.
Cerramos una etapa, pero no lo que aquí ocurrió.
Gracias por haber formado parte de esta historia.
Clara y Guillermo