En clase de guión hablamos con frecuencia del tema de fondo sobre el que trata nuestra historia. A veces, cuesta encontrar una palabra clave que lo exprese. Nos lo explica nada menos que Coppola: “Cualquier proyecto creativo tiene una idea grande detrás, el tema. Debes tenerlo muy claro desde el inicio. En La conversación era la privacidad. En El padrino, la sucesión” (El País, 23/10/ 2015). La palabra que da orden, sobre la que construirás el edificio de tu historia. Si encuentras esa palabra, vas por buen camino, pero tienes por delante un nuevo cometido.guion

Además del trazo grueso del tema o la idea rectora, la historia se empapa de ese tema y además propaga en la atmósfera de la película, como si de un vaporizador se tratase, el código genético de tu historia. El arranque de El padrino es una magnífica ensalada de conceptos: honor, América, secreto, fidelidad, respeto. En segunda fila por detrás del tema, pero conformando un código genético único al que damos forma en imágenes y palabras.

Si tu película es buena, esas palabras están en el subsuelo de tu argumento; lo que en un símil genético estamos llamando aquí ADN, construye la textura de aquello que queremos contar en el fondo. Fíjate bien porque están agazapadas detrás de la idea rectora. Y como ocurre en genética, en la que la variación en los cromosomas nos hace ser de forma implacable lo que somos, estas palabras atomizadas contienen la auténtica humanidad y las aristas que hacen tu historia diferente.

La buena noticia es que no se necesita un laboratorio ni un pelo, ni una gota de sangre ni una muestra de saliva. Puedes encontrar el ADN de una película con un papel y un lápiz. Prueba con las primeras escenas de tus películas preferidas y destripa sus cromosomas.

Lo que sientes en tu butaca del cine tiene mucho que ver con ellos. El día de la muerte de David Bowie, mi pequeño homenaje fue volver a ver El ansia (Tony Scott, 1983). Al buscar la película en una videoteca on line, me fijé que en el apartado género se etiqueta la película con tres palabras. Terror, vampiros y homosexualidad. El apartado género no se presta a matices, pero de algún modo, con el género como excusa, la ficha de El ansia entra de refilón en este juego de las palabras que intentan desentrañar la película.

Sería interesante encontrar en las fichas de las películas un apartado que se prestara a la poesía de la genética, y escribir en él lo que de verdad encierra cada película: miedo a envejecer, deseo, juventud y sangre, rebelión frente a la muerte… Bibliotecas, hemerotecas y videotecas enredadas en palabras, deseos, emociones y sentimientos inclasificables. Nunca encontraríamos una película para ver el sábado por la tarde, pero los sábados por la tarde serían un lugar de encuentros inesperados.

Espero por el bien de todos que las fichas de las películas mantengan la cordura clasificatoria. Pero como guionista, al orden de tu trama y la clasificación, tendrás que agregarle sentido, libertad, poesía y osadía. Coge el lápiz, o quizá no sea tan mala idea la muestra de saliva; saca del cajón los guantes de forense. A David Bowie le encantará. Hazlo desde tu primera escena, y recuerda que en mayor o menor medida, a través de sus intenciones, sus imágenes y sus emociones, cada pulso debe contener un código genético que dé vida y verdad a ese orden narrativo perfecto que intentamos inculcar desde el aula.david bowie guion

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