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El Arte de «Iterar hasta que Funcione»: Cómo Nació Nuestro Teleprompter (y por qué casi nos volvemos locos)
Por el equipo de Metropolis CE
Existe un mito urbano en el mundo del desarrollo de software: la gente cree que una aplicación nace perfecta, como Atenea saliendo de la cabeza de Zeus, completa, brillante y sin bugs.
La realidad es más parecida a intentar montar un mueble de IKEA sin instrucciones, a oscuras y con un gato atacándote los tobillos.
En Metropolis CE nos encantan los retos digitales, y hoy queremos abrir el telón para mostraros cómo se «cocina» realmente una herramienta funcional. Vamos a usar como conejillo de indias nuestro último proyecto interno: El Teleprompter Definitivo.
Esta es la historia de cómo un simple texto que hacía scroll se convirtió en un estudio de grabación de bolsillo, gracias a ese proceso mágico y a veces doloroso llamado Iteración.
Fase 1: El «Hola Mundo» con esteroides (El MVP)
Todo gran proyecto comienza con una pregunta simple: «¿Podemos hacer que un texto se mueva hacia arriba en una pantalla?».
La Versión 1.0 de nuestro teleprompter era… entrañable. Imagina una página web blanca, con texto negro en Times New Roman, que se movía a una velocidad constante e inalterable.
Lo bueno: Funcionaba. Hacía scroll. Lo malo: Si leías más despacio que la máquina, te agobiabas. Si leías más rápido, te aburrías. Era el equivalente digital a una piedra rodando cuesta abajo: cumplía su función, pero no tenía frenos ni dirección.
A esto le llamamos el MVP (Producto Mínimo Viable). Es feo, pero demuestra que la idea base no es una locura.

Fase 2: El ataque del «Feature Creep» (O «Ya que estamos…»)
Una vez que tienes la base, empieza la fiesta de las peticiones. En el mundo del desarrollo, esto se conoce como la fase del «Oye, ¿y no podría también…?».
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«¿Y no podría también cambiar el tamaño de la letra?» -> Hecho.
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«¿Y no podría también ir más rápido o más despacio?» -> Hecho (y añadimos un deslizador).
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«¿Y no podría leer mis archivos de Word y PDF porque me da pereza copiar y pegar?» -> ¡Pánico!
Aquí la cosa se complicó. Tuvimos que «inyectar» cerebros externos a la app (librerías como Mammoth.js y PDF.js) para que entendiera formatos complejos. De repente, nuestro patinete de madera tenía motor y soporte para bebidas.
Empezamos a añadir botones como locos: modo espejo (para usar con cristales profesionales), modo oscuro (para no quemarnos las retinas por la noche) y un botón para invertir el sentido del scroll porque… ¿por qué no?
Fase 3: El Gran Reto Final (La Cámara Mágica)
Estábamos muy contentos con nuestro teleprompter. Era robusto, leía casi todo y tenía más botones que el mando a distancia de tu abuela. Pero entonces llegó La Petición Suprema:
«Quiero usarlo en el móvil. Quiero verme la cara mientras leo el texto para encuadrarme bien. PERO, quiero que la app grabe el vídeo limpio, sin el texto encima, como si me supiera el guion de memoria.»
El equipo de desarrollo se miró en silencio. Se escuchó un grillo.
Técnicamente, esto era un dolor de cabeza. Los navegadores web suelen grabar «lo que ves». Si ves texto sobre tu cara, graban texto sobre tu cara.
La solución: El sándwich digital
Tuvimos que aplicar la «ingeniería del engaño». Diseñamos la app como si fueran capas de Photoshop:
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Capa Inferior (El Fondo): La señal de vídeo pura y dura de la cámara de tu móvil.
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Capa Intermedia (El Fantasma): El texto del teleprompter flotando, semitransparente, para que tú lo leas.
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Capa Superior (La Interfaz): Los botones para controlar el caos.
El truco final fue decirle al navegador: «Ignora las capas 2 y 3, y graba directamente la señal de la capa 1».
¿Fue fácil? No. ¿Tuvimos problemas con los permisos de cámara y el HTTPS? Absolutamente. ¿Nos sentimos como hackers de película cuando funcionó el primer «Rec»? ¡Por supuesto!
Conclusión: La belleza del ensayo y error
Si hubiéramos intentado diseñar la versión final con cámara y grabación desde el día 1, probablemente seguiríamos atascados en la fase de planificación.
En Metropolis CE creemos firmemente en el poder de la iteración. No se trata de no cometer errores, sino de cometerlos rápido, aprender de ellos y añadir una nueva «capa» de mejora.
Así que ya sabes, la próxima vez que uses una app fluida y maravillosa, recuerda que detrás hubo un equipo de desarrolladores peleándose con código, bebiendo demasiado café y celebrando que un texto, por fin, se mueve hacia arriba, y ahora a darle algún tipo de uso.
