La “culpa” la tuvieron los cómics.
Un día, con 11 años, iba con mi madre en el tren. Un señor de unos 40 años me dio un tebeo y me dijo: “toma, yo ya me lo he leído”. Era un comic Marvel, de Hulk. (Entonces La Masa) Editado por la editorial Vértice, en el que aparecía Hulk  dibujo del profesor de comicsiendo disparado por un tanque. Un rótulo en la portada me inquietó: “Solo para adultos”. ¿Qué aparecería en él para poner semejante aviso?. Yo sólo había leído comics tipo Mortadelo y Filemón, y algún Pumby.
Aquel cómic me fascinó. Había destrozos, drama, luchas, y un ser protagonista que aplastaba tanques “a mano” y daba saltos de kilómetros. Me volví aficionado al personaje, y empecé a comprarlo, con miedito, por lo de “Sólo para adultos”, pero me lo vendían. Por contagio, descubrí a otros personajes: Spiderman, Los 4 Fantásticos, Sargento Furia, etc.
Como se me daba bien dibujar, poco después ya estaba haciendo mis versiones a bolígrafo de Hulk. Pasó el tiempo, y se hicieron frecuentes mis visitas al Rastro para conseguir los números atrasados (no existían las tiendas de cómics), previo regateo y poner cara de pena para conseguir rebaja.
Algún tiempo después, llegué a dos conclusiones: 1- Seguía siendo pobre. 2- Se me daba bien imitar los comics de Hulk. Haciendo una sencilla ecuación, se me ocurrió hacer un cómic en el que el protagonista que se transforma en el verdoso fuera yo mismo. Así, aparecerían mis compañeros y profesores del colegio. De este modo, estaba garantizado el interés general por su lectura, y eso me aseguraba que vendería las fotocopias de cada número.detalle de comic
Para justificar que yo me transformara en Hulk, me inventé unos extraterrestres que, preocupados por la inminente invasión de la tierra, por parte otra raza también extraterrestre y muy chunga, se fijaban en mí por mi afición a Hulk, y decidían transformarme en él para defender la tierra. ¡Toma ya!
Aquello fue un éxito. Fotocopiaba cada capítulo, y muchos lo compraban para ver quién de mis compañeros y profes aparecía en él. Cuando tenía 15 años, pensé que dada la proliferación de progres y gente joven marchosilla en la noche madrileña, podría hacer un cómic (ya a tinta, con plumilla y pincel) con un personaje en la onda: Pim. Me puse a hacer fotocopias, graparlas, y a venderlo en los pubs de Malasaña y Huertas. Entonces estaban petados de gente, a diario.
La jugada me salió bien. Entonces aún no existían los fancines de cómic, y ver a un crío de 15 años vendiendo sus propios cómics, con un argumento divertido y enrollado, fue la clave. Llegué a vender ¡más de 100 al día!. Incluso me pude comprar un ciclomotor de segunda mano.
No mucho más tarde, llegué a la conclusión de que solo quería dibujar, no vender. Como en el Madrid de entonces no había aún editoriales de cómic (estaban todas en la lejana Barcelona) decidí, ingenuamente, ser yo mismo el que organizara alguna revista de cómic. Imitando el ejemplo de entonces, mi idea era hacer una revista con varios autores noveles, entre ellos yo, dibujante y director de la revista. Mediante anuncios, reuní el equipo.
escuela de comic
Busqué financiación. Primero, un disco-pub de la movida madrileña. Después, incluso pedí un crédito (avalado) a un Banco. (La ingenuidad de la edad del pavo)
Finalmente, vi que ser editor no era fácil con 17-18 años, y me dediqué a la ilustración.
Busqué trabajo con mi enorme carpeta, y lo fui hallando. Revista Golf, Amstrad, Amstrad Ocio, Motociclismo, etc. Alguien le dio mi teléfono a alguien, y me ví haciendo Story Boards e ilustraciones para agencias de publicidad. También carátulas de videojuegos. Hice de todo, para todos. Para seguir en el candelero había que adaptarse y eso provocó que terminara manejando todo tipo de estilos, técnicas y géneros de dibujo e ilustración. Y también me hice profesor en ​Metrópolis c.e. que a la postre se convirtió en la escuela de cómic más veterana de España. Pude tener la satisfacción de compartir mis conocimientos.profesor de comic
En un mundo donde llevamos en el bolsillo más potencia de cálculo y render del que disponía la NASA cuando pisamos la luna​, donde los bebés arrastran sus deditos sobre una pantalla y emerge como por arte de magia un complejo abstracto multicolor…. ¿para qué aprender a dibujar y pintar?
La respuesta, bueno, una de las mejores respuestas la trae Ken Robinson. El desarrollo de la creatividad artística es la mejor inversión de futuro, de cualquier tipo de futuro, que podamos hacer.

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